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En
su barriga duerme el vino, bajo esa oscura curva se gesta, con
paciencia, su futuro. La magia de la madera lo hace posible.
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La tradición de guardar el vino en madera se remonta a la
cultura celta. Este pueblo, en un principio trasladaban el vino
en tinajas pero desistieron al ver la fragilidad de la calidad de
este material. Después de varios intentos fallidos, recurrieron
a la madera. En aquella lejana época se dieron cuenta, de
que además de resultar el material más adecuado, la
crianza del vino en madera le confería un personal aroma.
En
un principio los toneles de madera se empleaban para la cerveza
y los pepinos, pero a principios del siglo XX la necesidad de barricas
para el vino experimentó un significativo ascenso. En España
había pocas existencias del roble adecuado y se empezó
a importar la madera de Estados Unidos.
Actualmente
la tonelería mecánica fabrica unas 11.000 barricas
al año. Aún empleando sofisticada maquinaria, su fabricación
es todavía auténticamente artesanal. EL tonelero selecciona
la madera, que después corta con una sierra cinta en trozos
de 95 cm de longitud. Una superficie homogénea se logra lijando
las duelas por los dos lados. Seguidamente, con la sierra se efectúa
un ligero abombamiento de los lados de las tablas; las duelas ya
están listas para la sujeción.
En
las muescas del fondo del tonel, este artesano de la madera fija
alternativamente duelas anchas y estrechas que se aprietan entre
sí con flejes provisionales de acero. Para proporcionar al
tonel, mayor flexibilidad, el interior se trata con agua caliente
o con vapor y, a continuación se quema. Cuanto mayor sea
el tostado, más intensas serán después las
notas tostadas del vino. Finalmente, el tonelero vuelve a lijar
la barrica por fuera, En este momento, es cuando se sustituyen los
flejes provisionales por los definitivos.
Para
comprobar la impermeabilidad de la barrica, y al mismo tiempo, poder
limpiarla, se llena con agua caliente. Una vez desinfectada con
sulfuración suave, la barrica se encuentra en condiciones
de ser utilizada. En el interior de su oscura barriga, el vino espera
su tiempo. Una esmerada elaboración del tonel determinará
el futuro del nuevo vino.
Ana
Lago. [alago@calidalia.com]
miércoles, 1 de septiembre de 2004
Un estudio concluye que el tiempo
óptimo de permanencia del vino en las barricas no debe superar
los 12 meses
11
de febrero de 2005
Según
un estudio realizado por Teresa Garde Cerdán, de la Universidad
Pública de Navarra, las concentraciones máximas
de los compuestos cedidos por la madera al vino se alcanzaron entre
los 10 y los 12 meses de permanencia del vino en las barricas.
Según la experta, a partir del año, la concentración
de estos compuestos, positivos para el aroma del vino, no sólo
no aumentaba sino que en algunos casos empezaba a disminuir.
Actualmente,
la normativa en vigor marca un periodo mínimo de doce
meses para los vinos Reserva y de 18 meses para los Gran Reserva,
asegura la experta. Durante el trabajo, titulado Estudio de
la Composición Volátil de Vinos Tintos Envejecidos
en Diferentes Tipos de Barricas de Roble, se ha llevado a
cabo un trabajo de la evolución de los ésteres fermentitos
durante el periodo de envejecimiento del producto. Para ello se
han utilizado vinos tintos mezcla así como vinos monovarietales.
En la tesis se han llevado a cabo cuatro experimentos con análisis
químicos a distintos tipos de vino y barricas. En el primero
se ha analizado un vino tinto, que había estado doce
meses en barricas de roble francés y de roble americano con
5 años de uso. También se ha estudiado la
evolución de un vino tinto envejecido durante 18 meses en
barricas de robre francés con dos años de uso.
Los otros dos experimentos se han llevado a cabo con un vino
Merlot y otro Cabernet Sauvignon que tenían distinto grado
alcohólico y distinto pH, envejecidos durante 17-18 meses
en barricas de roble americano con un año de uso.
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en:
http://www.consumaseguridad.com/web/es/investigacion/2005/02/11/16644.php
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